La última Tertulia de un profesor “de la isla”
Mensaje de despedida para mis amigos, familiares y colegas tras 32 años en la UPRM
5/25/202610 min read


15 de mayo de 2026
La Tertulia, Mayagüez
Me gusta decir lo que quiero hablar, pero hoy quiero leer lo que quiero decir. Espero me excusen por este momento, pero de la UPR se jubila uno una sola vez.
Me presenté acá en Mayagüez hace 32 años cuando me uní al RUM bajo el abrazo académico del Dr. Alejandro Ruiz Acevedo (exrector y gestor de los programas de Microbiología Industrial y Biotecnología, y amigo desde entonces).
Mi primera clase la recuerdo bien. Estaba en uno de los salones de Celis, el antiguo edificio de Biología, sentando en un pupitre entre los estudiantes, y al comenzar la clase, cuando comenzaban a impacientarse, me puse de pie y me presenté formalmente. Dudaron primero, se rieron después y luego hicieron silencio. No había ‘power point’, eran láminas de acetato sobre las que escribíamos con un marcador y se proyectaban desde un cajón con luz a la pared. No sé si ellos entendían mi letra o mis ilustraciones como igual sufrirían mis estudiantes del laboratorio de investigación cuando escribía en servilletas las instrucciones de los experimentos a la hora del almuerzo.
Me asignaron un cuartito en Celis que transformamos en laboratorio con ese primer estudiante subgraduado, que sería luego mi primero de maestría y mi primer parto-hijo-colega el doctor Carlos Rodríguez Minguela (de Hormigueros, Puerto Rico). Entre Carlos uno o Carlos primero, y Ashley Vázquez, mi última de maestría 30 años después, entre ellos, muchas y muchos “massólicos" (como ellos se hacen llamar). Crecimos como grupo de investigación, ocupamos un segundo laboratorio contiguo a mi oficina, la más linda de Celis (y de Alejandro Ruiz), y de ahí ocupamos otro laboratorio arriba en el palomar.
Entonces llegó la química Doña Elba Díaz de Osborne a quien le deberé siempre por sus contribuciones científicas y acompañamiento cabal. ¿Y quién podría olvidar a Doña Alicia la secretaria atenta y alcahueta que todo lo resolvía rápido inventándose procesos que no existían?
Pero si algo reconozco, es el valor del tiempo.
Ser profesor es ser privilegiado y más con el tiempo, y no me refiero al tiempo de vacaciones de verano o Navidad, sino al tiempo fijo que no avanza para la población estudiantil, que siempre es la misma, no envejece, nunca envejece, solo se renueva.
Cuando comencé en 1994, llevaría a los estudiantes de ecología microbiana a su primer viaje de campo, cuando aún los profesores podíamos manejar la van del Departamento, y en esa primera salida desde la parte de atrás de Celis llegaría un profesor gringo barbú de pelo blanco a hablarme una jeringonza que no entendía en su inglés perfecto para casi sacarme a patadas del carro (exagerando un poco) diciéndome que los estudiantes no estaban autorizados a manejar los vehículos oficiales del Colegio. Nunca aprendió español el “loco” ese, pero el doctor Gary Breakon dio su vida a la UPR como la dio Duane Kolterman, también botánico; aunque este sí aprendió español, mejor que nosotros, y hasta era oficial de mesa en la escuela de Miradero del PIP en las elecciones (por si acaso, nunca he votado en las elecciones de un gobierno que no gobierna, ni inscrito estoy, pero como joden tanto [los políticos en el gobierno], entiendo a los que votan).
En ese entonces me presentaba, hoy me despido. Los estudiantes siguen siendo muchachos y muchachas, chamacos, desde hace más de tres décadas. El canoso más envejecido, fósil dirían mis hijas, soy yo… y a orgullo. Vivir esa ilusión del tiempo fijo desafiando las lógicas físicas cuando uno va cambiando, en retrospectiva, esa es una vivencia muy especial.
Pero lo importante es el qué hacemos con el espacio del tiempo. En Humacao, en la UPR, aprendí que el tiempo es la duración de una acción; una vuelta nuestra planetaria sobre su eje, un día; 365 rotaciones, una vuelta al sol, un año; una carrera académica, la mía, 32 vueltas solares o 64 semestres después, aquí estamos.
¿Qué pude hacer más allá de lo evidente? O sea, de dictar clases, en mi caso a razón de 100 a 200 estudiantes por semestre, de crear algunos cursos nuevos, de un laboratorio de investigación, de tesis, de comités, escribir propuestas, publicar, de cartas de recomendación, de lo evidente y de lo esperado, ¿qué más?
Bueno, le digo que aporté a la limpieza de acuíferos y suelos contaminados con hidrocarburos (petróleo, gasolina, jet fuel, diesel), que ofrecimos decenas de cursos científicos atípicos en comunidad y en espacios no tradicionales con profesores invitados de Idaho como Larry y Eva haciendo a muchos expertos en la vagina humana (si no, pregúntele a mi colega jubilada la doctora Vannesa Vilches Norat), pero también con profesores de Georgia Tech, Michigan State, la Universidad de Michigan, Tenesí, Seattle, de Lawrence Berkeley National Lab, de Rutgers, y de otras instituciones. Estudié el cafetal y 10 cosas más, y le dediqué más de 20 años a entender el lastre militar de la Marina de Guerra más contaminante del Planeta en la isla nena.
Y hablando de Vieques, le cuento que cuando recogía reciente la oficina me encontré con un recorte de periódico del jueves 16 de marzo del año 2000 en la sección Por los Pueblos -que es casi decir por la Isla- en El Nuevo Día, y decía su titular “Temen explosión en laboratorios del RUM”.
Fue, que después de nuestro primer informe sobre metales tóxicos en cangrejos de la zona militar en enero de ese año, y ya casi listo para publicar un segundo estudio sobre metales en la vegetación del polígono militar, alguien abrió todas las llaves de gas de mi laboratorio en Celis, unas 10 a 15, y dejó una vela en el piso, un acto claro de terrorismo académico. Al llegar Magaly Zapata en la mañana (la técnica de laboratorio del Programa de Microbiología) y los conserjes se dieron cuenta del fuerte olor a gas en el edificio, y buscaron la fuente hasta dar con mi laboratorio. La doctora Mildred Chaparro era la directora en ese momento y hablamos, ella sabía bien que hacía desobediencia civil científica y sabía igual sus implicaciones. Hablamos de medidas cautelares, pero Mildred siempre me apoyó. En algún momento la noticia llegó a los medios y quién o quiénes lo denunciaron lo vincularon a una visita de Carlos Pesquera que andaba en campaña política por el Colegio. Más allá de Mildred, nunca le dije a mi familia, ni a mis papás porque no quería llenarlos de nuevas ansiedades. A mí se me olvidó bastante rápido o lo bloqueé en la mente hasta que entré unos años después a la lista de ‘Homeland Security Almost No-Flight List’. Ahí era el ‘random check’ en todos los vuelos domésticos e internacionales. Me buscaban oficiales dentro del avión al hacer escala de Colombia en Miami o me esperaban con una foto en el puente del avión, copiaban todo, registraban todo el equipaje a cabalidad, siempre con muchas preguntas, las mismas tonterías y hasta me confiscaron el teléfono en una ocasión. Una vez saqué lo Massol de adentro, y el oficial de migración de turno, un boricua me dijo, “mira, hasta que no ponche el pasaporte estás técnicamente fuera de Puerto Rico y ningún derecho te protege”, así directo y franco. Y es que la relación colonial impacta lo colectivo y lo individual. Y sí, tengo un doctorado honoris causa de Northern Arizona cuyo presidente boricua y colegial entró (o salió) el otro día de la graduación con Tití me preguntó de Bad Bunny, pero para mí, la distinción más grande, la estrellita mayor que llevo en la solapa es esa, saber que por la ciencia que hacía aquí en la UPR, el gobierno de allá pensara que era peligroso a sus intereses. Pero es cierto, el conocimiento es peligroso, por eso la Universidad es peligrosa y la quieren destruir.
Después de 10 años ya no me paran como antes, y bueno, qué les digo, me pregunto ahora qué estoy haciendo mal, aunque de un tiempo para acá la ‘random check’ es mi hija Andrea cuando viajamos.
Pude cultivar el amor por esta tierra, nuestra Madre Isla esclava colonial, persiguiendo rutas insurrectas de retar a la autoridad, pensando siempre en respuestas liberadoras que el conocimiento nos da, como liberarse de la contaminación.
Referente al tiempo, hoy puedo decir como ecólogo y profesor fuera de la burbuja académica, que tenemos más áreas protegidas, bosques como el Bosque del Pueblo (1996), el Bosque La Olimpia (2004), el Bosque Escuela (2013) y el Bosque Modelo Nacional de Puerto Rico (2014), que aporté a defender importantes cuencas hidrográficas de su destrucción para que tengamos agua como cuando aquella propuesta del gasoducto corrupto y peligroso que le llamaron Vía Verde. Que aporté y aporto algo a la salvación de especies en peligro de extinción incluyendo el Falcón de Sierra, el coquí melodioso en La Olimpia o las mariposas, que sacamos a un gobernante de su silla y que hoy Vieques sana sin la Marina. Que de ser un país enteramente dependiente de la quema de combustibles fósiles cuyas emisiones son las responsables, junto al capitalismo, del desafío mayor que enfrenta la humanidad, vivimos y construimos nuestra propia transición energética justa, y que de ser una ultra-minoría en 1999, ya no, ahora somos parte de una insurrección energética que produce con el sol más energía limpia que la que se produce aquí sucia con petróleo o carbón, y esos son actos de liberación.
Viví huelgas, varias y como si fuera un tributo no planificado, con una me despido. Y aunque muchos de mis compañeros las critican, prefiero estar del lado de los insurrectos, de los que no se someten a la obediencia servil, del lado de los que cuestionan a la autoridad para defender a la institución más importante de nuestras islas, esta Universidad acorralada pero viva luchando por un futuro diferente de bien para todos. ¡Qué vivan los estudiantes y que viva la UPR!
Me aborrecen los arrodilla’os, los pusilánimes que todo lo justifican, que a todo lo que viene de arriba le dicen que sí, y que lo que viene de abajo lo criminalizan.
Me decía hace unos días ese héroe nacionalista de la insurrección de Jayuya Don Heriberto Marín sobre sus carceleros, “que no es igual ir a prisión por razones políticas aquí en Puerto Rico que en Estados Unidos porque no hay peor carcelero que un esclavo con el látigo de su amo”.
A las secretarias y asistentes administrativas Lizzie, Doña Alicia y Mari que ya no están mis gracias siempre, a Vilmarie, a la siempre Brenda y Mitzy que las quiero y las atesoro por lo que hicieron por mí y por el profesorado, a José Tito Microscopio y Donato, y a tantas otros mi agradecimiento infinito. A mis compañeros profesores, con ciertas excepciones como Rosa ‘Titi’ Buxeda, Carlos Santos, Jaime, Tito, Sandra, Amelia, Dimaris o al vecino académico Josean López, o sea, con los que crecí en Biología esto no aplica… pero a los más recientes les digo, que me habría gustado participar de las reuniones departamentales o de facultad para conocerlos mejor porque es en esas discusiones pequeñas -y no del CV- cuando uno conoce algo del qué están hechos tus compañeros (y me excuso aunque en realidad no).
Extraño a Mildred Chaparro, a Nannette, a Juan Rivero, Rosa Julia, Betancourt, Duane, Delannoy, a Bird, Moisés Orengo, Gerson Beauchamp, Jorge Iván Vélez Arocho, y otros de quienes aprendí mucho y quienes se fueron antes que yo tras dejar el pellejo en la Universidad (más quiero reconocer la presencia de las flamantes jubiladas del club rojo de Río Piedras a ‘Piyi’ las doctoras María del Carmen Baerga, Vannesa Vilches Norat y Lanny Thompson, líderes y lideresas, de mi nuevo club las jubiladas de la metro con uno de la isla.
Pero han sido los estudiantes siempre mi mayor alegría académica y personal. Desde Carlitos, el gran César, Rubin, Rhynna, la pequeña saltamontes como le decían a Elizabeth Padilla, Norman, Maelo, Enid, Dubiezel, Gloried, Katherine, Rogelinda, Paola, Yvette, Sonia, Steven, Ernie, Imilce, Dread, las especiales Natasha De León y Lizbeth Dávila, Sirena, Francheska, Yaliz, Jonathan mi peor estudiante, Leticia, Lyra, Zoila, Gabriel, las Melissas, Monty, Katia, Janice, Franklin, Alexis, Mariolga, la Lola por supuesto, Ashley, y otros más como Dustin que completó su maestría en Química pero trabajó y nos apoyó en nuestro laboratorio por varios años, mas hoy en directo también y desde Bogotá, Alejandro Caro con quien tertulié tiempo extra (claro, a Gerson, Marcos y mucho menos a Elizabeth les puedo superar como súper fan de este lugar con Mikie, y gracias a Mikie por decir presente hoy, porque disculpen, sin Mikie, Tertulia no es Tertulia [aunque de acuerdo a Rosita, y hago la aclaración, la esposa de Gerson, soy el más que vino a Tertulia porque ella cuenta las veces que vine por mi cuenta más todas las que vino Gerson por su cuenta y le decía a Rosita… “estoy con Massol” […pero no te preocupes Gerson, igual yo digo “estoy con Gerson”, aunque eso no me ayuda mucho]).
¡Aprendí mucho de ellos y mira que gozamos y tertuliamos!
Con tres hijas de tres censos o décadas diferentes me quedo: Corali, Gabriela y Andrea (las últimas dos con etiqueta colegial), tres amores que no entienden ni aceptan que son mis tres favoritas a la vez.
Tras un divorcio y un intento fallido de sabotaje de una boda con un plan que incluía medidas extremas como inducir al pecado carnal al novio con unas strippers que nunca contratamos la noche antes (mírate tú Alejo), de pronto tras 2 quinquenios en concubinato fui yo el que terminó cansándose dos veces en una semana con la misma mujer, mi gran amor de primavera… y de verano, otoño, y de invierno, María de las Mercedes Mari Narváez. ¡Y cuida’o que he tenido que deconstruirme! ¡Alabado sea la Colectiva Feminista en Construcción! …y finalmente he tratado de madurar, me ha feminizado y politizado más, aún confundo preferencias sexuales con identidad de género, y uso el lenguaje inclusivo erráticamente. De ella aprendí que mis pronombres no son they/them aunque me gusta decir eso, pero sí, ¡cómo me ha humanizado dentro de mis imperfecciones!
Son muchos los amores. Me gustaría compartir este instante también con mi mamá, quien se jubiló de la escuela pública tras 30 años de servicio y con mi hermano Ariel que estará en algún lugar obedeciendo las Leyes de termodinámica.
He sido privilegiado, hace años me presenté, hoy me despido de esta etapa… feliz, sintiendo que la vida es hermosa entre familia y amistades, que falta mucho, que la vida es lucha toda, y que toca seguir avanzando con intensidad.
Gracias por estar, por sus amores y ¡que venga Mikie a cantar!























